Un dólar estadounidense puede parecer simplemente un trozo de papel o un número en la pantalla de un ordenador. Del mismo modo, el oro puede parecer únicamente un metal brillante. Sin embargo, el dólar tiene valor porque millones de personas en todo el mundo confían en él y lo utilizan cada día. Sin esa demanda global, no tendría valor. Con el oro ocurre lo mismo. Personas, empresas y bancos centrales de todo el mundo lo compran y lo conservan, y esa demanda es la que contribuye a determinar su precio.
La demanda de oro existe desde los inicios de la civilización. Como el oro debe extraerse de la tierra y no puede producirse a voluntad, su oferta es limitada. Precisamente por esa escasez, durante siglos se ha utilizado para preservar el patrimonio. Y sigue desempeñando ese mismo papel en la actualidad. Como el oro se negocia en mercados internacionales y ningún país controla por completo su oferta, ha mantenido su poder adquisitivo a largo plazo frente a la inflación.
En otras palabras, el oro se considera un depósito de valor que puede ayudar a proteger el patrimonio frente a la inflación y la incertidumbre económica o geopolítica.